Una madre lleva de la mano a su hija pequeña, la niña esta encogida por el pánico hasta el extremo de temblar incontroladamente. La madre decidida arrastra a la niña mientras le habla intentando convencerla de lo bien que se lo va a pasar y lo divertido que es aprender a nadar.
Cada año con la llegada del verano se repite más o menos la misma escena. Me gusta nadar y soy un habitual de la piscina municipal de mi ciudad y año tras año veo niños atemorizados arrastrados por sus padres hacia no sé dónde. Bueno, hacia no sé donde es una forma de hablar porque está claro que van a los cursillos de verano que se organizan para mantener a los críos ocupados durante las largas vacaciones escolares.
Y a mí me surge una reflexión, ¿Cuáles son los beneficios que estos críos van a obtener de esta actividad? Paralizados como están por el miedo dudo mucho que encuentren ningún beneficio en la natación.
Por otra parte en verano ¿donde mejor que en la piscina?...... Lugar ideal para combatir las altas temperaturas, estar en contacto con el sol y el aire y practicar algo de actividad física, además actualmente las instalaciones municipales son lugares muy seguros socorristas, monitores, vigilantes, en definitiva una legión de personal en general bastante preparado. Claro que si le preguntamos a unos de esos niños / as no creo que opine lo mismo.
Es evidente que los padres lo hacen con toda la buena intención del mundo y estoy seguro que a pesar del mal rato que pasan los críos, los padres tienen un montón de argumentos para justificarlo psicológicos, pedagógicos, médicos y muchos más. Pero no sería más saludable para todos, padres e hijos olvidarse de tanto argumento y dejarse llevar por el sentido común. Paralizados como están por el miedo no van a obtener ningún beneficio es posible que alguno consiga vencer el pánico y tal vez con paciencia algún día consiga disfrutar del agua pero lo más probable es que estos críos no vuelvan a acercarse ni al teléfono de la ducha. Si se deja a los críos tranquilos tarde o temprano ellos mismos pedirán de ir a la piscina y una vez allí aprender a nadar solo es cuestión de tiempo ¿Por qué forzarlos a hacerlo? Cuando lo más probable es que salga de ellos mismos. Caso muy distinto es cuando los padres son asiduos nadadores porque entonces el contacto con el agua se produce de una forma más natural. Lo importante es actuar y dejarse llevar por la realidad de los hechos y olvidarse de los tópicos y de lo que “toca” hacer. Si no se sienten cómodos en el agua respetemos sus miedos e intentemos ayudarles a superarlo. Pero de una forma saludable y no creo que tanto miedo sea muy saludable.
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