Una de las consignas más oídas en estos tiempos de paro, es que hay que formarse y aprender nuevas habilidades, para poder salir adelante. ¡Menudo descubrimiento!
Si este fuese un país “normal”, no haría falta que nos recordasen lo importante que es la formación. Y los poderes públicos podrían dedicarse a impulsar políticas activas de empleo para paliar el problema en lugar de diseñar campañas publicitarias para concienciar al ciudadano de lo saludable que es estudiar y lo beneficioso que puede resultar para su futuro.
Claro que de la falta de consideración hacía los estudios, los poderes públicos no son los únicos responsables ni mucho menos. La primera pregunta que habría que hacerse es: ¿Cómo es que personas que han estado en activo hasta hace bien poco, de repente necesitan tanta formación para volverse a recolocar? ¿Qué han estado haciendo durante su vida laboral? No es mi intención simplificar la cuestión hasta llegar a la demagogia como suelen hacer los políticos, porque bien es verdad que a la actual situación se ha llegado por varias causas y muy diversas. Pero es un hecho fácilmente comprobable que la inversión en formación que hacen y sobre todo, han hecho las empresas es ridícula, porque al fin y al cabo ¿a quien le importa la formación de sus empleados? salvo excepciones, al personal se lo contrata para “sacar” el trabajo que se le asigna, no para hacer crecer un proyecto empresarial, de eso ya se encarga “el jefe”. Las jornadas laborales interminables dificultan encontrar tiempo para dedicarse al estudio, incluir programas de formación en el horario laboral es inasumible. Así es muy difícil estudiar, si además añadimos que la predisposición ya es poca o nula pues más difícil todavía.
Hasta que llega el descalabro, -que siempre llega- y más en un país como este y de repente caemos en la cuenta que mientras nosotros estábamos trabajando tan ricamente la vida ha continuado su curso. En su día alguien ya dijo que la vida es eso que acontece mientras estamos ocupados haciendo otras cosas. Y qué razón tenía. Porque resulta que miramos fuera y no reconocemos nada, los ordenadores ya no funcionan igual que antes, lo que antes se vendía ahora no, los coches ya no funcionan únicamente con gasolina, por las ciudades dejan circular libremente a las bicicletas, cada vez hay más extranjeros, te operan y cuando te despiertas ya estás en tu casa, y no hay que hacer cola para renovar el DNI, ¡esto es una locura!....... O todo cambia muy deprisa o nosotros nos adaptamos muy lentamente. El trabajo es imprescindible pero entender que pasa a nuestro alrededor lo es más, y desgraciadamente como estamos viendo solo trabajando no se adquiere ese conocimiento, o nos formamos continuamente o estaremos condenados a repetir siempre la misma historia. Que dicho sea de paso ¡es muy triste!

Cuanta razón tienes Mr. Polpez, yo mismo después de trabajar sin descanso como autónomo duarnte más de 20 años, acabé en el paro, evidentemente sin cobrar ni un duro. Después de un año me convocan y me contratan me forman de nuevo y ahora trabajo de Community Manager y encima me gusta un montón. Pero claro debo formarme y cada tarde me la paso aprendiendo y practicando.
ResponderEliminarUn abrazo
Peter