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El valor de la sencillez

Últimamente paso bastante tiempo en la ciudad de Medenine (Túnez), es un lugar bastante apartado en todos los sentidos, físicamente porque esta a casi 600 km de la capital y eso para un país como Túnez es mucho, culturalmente porque dentro de Túnez esto es el sur y aquí hay mucha conciencia de pertenencia, años de abandono por parte del gobierno central han ayudado a forjar esa conciencia y por descontado economicamente la diferencia de renta con el resto del país es importante, aunque últimamente se estan igualando no porque mejore el nivel de vida de los habitantes de Medenine sino porque en el resto del país está bajando consecuencia entre otras cosas de la crisis/estafa que estamos viviendo en todo el mundo.
Y precisamente aquí en este apartado rincón del mundo, con la dosis justa de progreso, con el confort suficiente como para que un europeo mal criado como yo no sucumba y una actividad que me obliga a relacionarne con la gente de estas tierras es dónde he vuelto a apreciar las cosas sencillas, el agua caliente de la ducha me parece algo prodigioso, el tiempo se detiene y cuando me voy a la cama nada queda pendiente solo dormir, salir a pasear los domingos por el mercado se convierte en un acontecimiento y un largo etcétera.
Creo que fue el Dalai Lama el que dijo que le sorprendia que en las actuales sociedades la gente perdiese la salud para conseguir dinero con el que poder pagar tratamientos para recuperarla, la principal preocupacion es el futuro y se olvida de vivir el presente, vive como si nunca tuviese que morir y finalmente muere sin haber vivido. ¡Que razón tiene!

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