Pensar,
decir y hacer una misma cosa, es fundamental, se llama coherencia.
El
entorno profesional, laboral y social lo capta y lo aprecia. La gente que así
actúa suele tener más éxito -sea lo que sea, que se interprete por éxito-
El
problema es que habitualmente tenemos problemas para aplicar tan simple regla:
¿Decimos
lo que pensamos? "caiga quien caiga" ¿No hacerlo es de hipócritas? ¿Hacemos
lo que decimos? Sean cuales sean las circunstancias en que lo dijimos, ¿por no
hacerlo somos unos bocazas?
¿Hacemos
exactamente lo que pensamos? dando por bueno que lo que pensamos es lo
adecuado. ¿Y si no lo hacemos es porque somos unos inseguros?
La
psicología positivista que nos invade en estos tiempos nos dice “se tu mismo”.
¿Pero
es seguro que es a “mí mismo” a quien quieren conocer? En la relación de pareja tal
vez sí, pero ¿y en el trabajo?, ¿y en mi vida social? incluso mi familia. ¿Seguro
que mi jefe quiere saber lo que pienso de él? Toda la gente con la que me
relaciono a diario ¿seguro que quieren saber que pienso de ellos? Mi cuñado, mi
suegra, ¿seguro que quieren oír lo que pienso de las comidas de navidad?
Por
otra parte no es tan fácil porque si ya me invaden dudas de si ser o no “yo
mismo” todavía se complica más si me pregunto ¿quién es ese “yo mismo”? ¿Soy yo
y mis miedos e inseguridades?, ¿soy yo y mi historia?, ¿soy yo y todo lo que he
aprendido a lo largo de mi vida?; porque si tengo que recurrir a mi yo libre,
aquel que en realidad no sabe quién es, pero sabe lo que quiere, el que conoce el
valor real del tiempo, el que sabe que en el fondo de su corazón habita la
divinidad, ese seguro que no es el que la gente quiere conocer.
Para
navegar por este agitado mar de las relaciones no contamos con herramientas, si acaso y como mucho podemos echar mano del sentido común, que bien empleado se puede convertir en la inteligencia que nos haga más
placida la travesía y evite el naufragio cuando los vientos de la incertidumbre
arrecian. Pero el sentido común como bien dice el saber popular es el menos
común de todos los sentidos, y la inteligencia aplicada a la vida todavía nos
suena a chino, la reservamos para aprender los afluentes del Manzanares, (por poner
un ejemplo).
Para saber más: https://www.nytimes.com/es/2016/06/09/espanol/opinion/se-tu-mismo-es-un-pesimo-consejo.html?smid=tw-share

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