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¿Salud mental?

El infierno de Jheronimus Van Aken (el Bosco)

Los afortunados que sobrevivimos a la pandemia de coronavirus pudimos tomar conciencia de lo importantes que son las relaciones humanas, la libertad y la salud.
La experiencia colectiva de miedo, incertidumbre, dolor y malestar emocional nos permitió que pudiéramos hablar unos con otros, de igual a igual, acerca de cómo estábamos viviendo esa dramática situación, lo que permitió que el movimiento de concienciación sobre la salud mental que se había promovido antes avanzara rápidamente. 

Este fragmento lo he encontrado en la revista Igluu (https://igluu.es/hablemos-de-los-psicofarmacos/) y es la introducción a un libro del Dr. David López Gómez. (Hablemos de los psicofármacos)

El texto me ha dado que pensar, primero porque da por sentado que las relaciones humanas toman importancia cuando el miedo, la incertidumbre, el dolor y el malestar emocional nos asaltan. Y es evidente que ante las adversidades un entorno social fuerte ayuda a sobrellevar las penas y las desgracias.
Segundo, parece ser qué las adversidades nos igualan a todos y eso facilita la comunicación/socialización. Es igual de evidente que las penas y las desgracias nos hacen aterrizar de nuestros pedestales mentales, y una vez en suelo firme (el mismo que todos pisamos) es mucho más fácil abrirse y entablar una conversación.
Tercero, toda esa adversidad, desgracia y pena hace evidente la importancia que la salud mental tiene en nuestra vida. La salud, ya sea física, mental, emocional o social es fundamental siempre, con adversidades y sin ellas.
Y aunque cada una de estas afirmaciones por si solas, no dejan de ser ciertas juntandolas todas se deduce que son las adversidades las que nos hacen humanos y que la salud mental en buena parte depende del proceso de humanización.
Yo no sé si ésto es así o no, no soy antropólogo, ni psicólogo, pero aun dando por supuesto que así fuese, 
no es necesario experimentar grandes catástrofes para valorar las relaciones humanas. La vida cotidiana, con sus pequeñas alegrías y desafíos, también nos brinda oportunidades para conectar con los demás.
La humanización no se limita a las adversidades. También puede ocurrir a través de experiencias positivas, como el amor, la creatividad, la solidaridad, etc.
La forma en que las personas experimentan y responden a las adversidades varía según su cultura y contexto social.
Si bien las crisis pueden impulsar cambios positivos, no son una condición necesaria para el progreso social. Es importante buscar formas de construir sociedades más justas y equitativas sin depender de grandes catástrofes.
Me gustaría pensar que está etapa como humanidad ya la hemos superado, y no es necesario sufrir tanto para reconocer que nos necesitamos unos a otros y más teniendo en cuenta que una falta de socialización y una desconexión afectiva de nuestro entornó no es saludable y acarrea problemas de salud.

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